Viñeta del El Roto para El País.

POR QUÉ JUAN RULFO SE CARCAJEARÍA DE ESPAÑA

Era una tarde en blanco y negro y Juan Rulfo llegó vestido de fatiga, un traje adquirido hace años al que raramente dejaba en el armario, a los estudios de grabación de Televisión Española, donde Joaquín Soler Serrano lo esperaba vestido de cortesía. En su primer encuentro, fatiga y cortesía intercambiaron pocas palabras y algunas miradas antes de comenzar la entrevista en el popular programa televisivo A Fondo.
El primer plano de los primeros minutos de grabación recogió la respiración imperceptiblemente agitada del escritor mexicano, el gesto adusto de quien sin conocer las reglas del mus ya recibe una seña y la mirada inquieta del recién llegado a un trastero ajeno. Al mismo tiempo, la voz del periodista primero ronroneó una presentación para luego inquirir a la fatiga una tregua que ésta tardó en conceder.

A Juan Rulfo no le gusta hablar, lo sabemos porque encierra su discurso entre los dientes: el novelista de la soledad separa los labios pero no la dentadura al verbalizar, como si pudiera callarse y contarnos a la vez. Sin embargo su discurso hilado y su voz resuelta terminan por escurrirse y se graban también. Así no nos sorprendería que ni riera ni sonriera, sin embargo adereza los pasajes tristes de su memoria con sus ojos arrugados de satisfacción empezando por la “terrible época” en que aprendió a deprimirse para siempre.
Al ritmo marcado por Soler Serrano, la entrevista va tornándose en conversación y nos enteramos de que mientras el autor de Pedro Páramo estudiaba en la universidad también trabajaba como agente de inmigración en la ciudad de Guadalajara, un empleo que se prolongaría por diez años. Sus ojos se volvieron a arrugar cuando recordó cómo un día de mayo de 1942, dos de los barcos alemanes e italianos de los que el gobierno mexicano se había apoderado durante la Segunda Guerra Mundial estallaron a 300 metros del puerto: “nuestras tripulaciones eran tan buenas que hicieron estallar las calderas, pero dijeron que habían sido submarinos alemanes”. Y Juan Rulfo sonrió.

Han pasado 36 años y Televisión Española en lugar de ofrecer perfiles de las más inquietas mentes de la cultura se dedica a aconsejar el rezo a los millones de desempleados del país para calmar su ansiedad. Aunque la televisión ya se emite en color, el panorama luce tan burlonamente desteñido como lo haría un burro a quien han rociado de aerosol y horas después se ha encontrado con la lluvia.
Nuestro barco ya comenzó a hundirse tiempo atrás, no obstante su capitán y la tripulación más afín a éste confían en poder dinamitarlo hasta casi hacerlo pasar por plancton. Nos están haciendo puré. Tenemos un presidente del gobierno que en lugar de dar la cara da la pantalla y nuestras televisiones a color lo graban: es bochornoso.rajoy Nuestros ministros son una comparsa de bufones para quienes todavía la sangre real, el designio divino y la tradición feudal es incontestable. Ahí está Margallo feliz de que la mujer de Iñaki Urdangarín e hija del rey ya no tenga que declarar ante el juez como imputada porque “es una infanta de España”, y eso, señoría, bien vale una inmunidad. Nuestra ministra de trabajo, Fátima Báñez, decidió ir antes a un cóctel que a la cumbre europea de ministros de empleo (había delegado en la Vírgen del Rocío). A menor escala el descaro también aparece: en Galicia, Baltar personificó el caciquismo del S.XXI durante dos décadas y el escándalo de Caja Navarra sienta en el banquillo a cargos de la Comunidad Foral por cobrar dietas como quien come pipas. Los hermanos pequeños de los ERE andaluces y la Trama Gürtel. Para Mariano Rajoy “todo es falso, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios”, y eso es todo lo que el Capitan Plasma puede decir a su tripulación. Sin explicaciones y a golpe de decreto van minando nuestra moral y nuestro hogar, convierten los derechos en pecados y las peticiones populares como la ILP presentada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca se convierte en un esperpento de sí misma quedando desfigurada y sin reflejar ninguna de las medidas principales que se exigían en el texto ciudadano.
Un barco sin grumetes no es nada, esto es una llamada al motín.

Sinceramente creo que si a Juan Rulfo le contasen cómo estaba siendo reventado este país, carcajearía. Mientras tanto, le pondremos banda sonora con este tango que, a mi juicio, expresa a la perfección nuestra realidad.

P.D. No puedo dejar de recomendar que dediquéis parte de vuestro tiempo a disfrutar de las entrevistas, que como la de Juan Rulfo, realizó Joaquín Soler Serrano a tantos otros destacados miembros de la cultura hispanoamericana. No paséis por alto los programas dedicados a Camilo José Cela, Dalí y Julio Cortázar. El fallecido periodista tenía la habilidad de ser un narrador omnisciente más que un profesional curioso.

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